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Artículo· Jun 29, 2026 · 8 min de lectura

La alimentación de las personas mayores en el hogar: aspectos que las familias deben tener en cuenta

Descubre por qué los hábitos alimenticios suelen cambiar con la edad, a qué señales deben prestar atención las familias y cómo la asistencia a domicilio puede contribuir a mejorar la nutrición, la hidratación y las rutinas diarias de las personas mayores.

Que la nevera esté llena no siempre significa que una persona mayor esté comiendo bien.

Para muchas familias, la primera señal de alerta es sutil: comidas que se quedan sin tocar, raciones más pequeñas, desayunos que se saltan o un padre o una madre que dice: «Es que no tengo hambre». Con el tiempo, esos pequeños cambios pueden traducirse en pérdida de peso, debilidad, deshidratación o una disminución notable de la energía.

En S&A Unified Home Care sabemos que la nutrición es una parte importante para ayudar a las personas mayores a mantenerse seguras, cómodas y bien atendidas en su hogar. Los cuidadores no sustituyen a los médicos ni a los dietistas, pero pueden desempeñar un papel importante en las rutinas diarias: preparando comidas, fomentando la hidratación, detectando cambios y ayudando a las familias a darse cuenta de cuándo algo puede requerir atención.

Por qué cambian los hábitos alimenticios con la edad

La nutrición suele cambiar a medida que las personas envejecen, y no siempre se trata simplemente de una cuestión de apetito.

Los medicamentos pueden afectar al sabor, provocar sequedad bucal o reducir el apetito. Los problemas dentales pueden hacer que masticar resulte incómodo. Algunas personas tienen dificultades para tragar. Las enfermedades crónicas pueden alterar la forma en que el cuerpo asimila los alimentos. La fatiga, la soledad, los cambios en la memoria o la depresión también pueden dificultar el mantenimiento de una alimentación regular.

En el caso de las personas mayores que viven solas, incluso el aspecto emocional de la alimentación puede cambiar. Tras años de cocinar para una familia, preparar una comida completa para una sola persona puede dejar de parecerles que merece la pena el esfuerzo.

Nada de esto significa que una persona «simplemente esté siendo difícil». Merece la pena prestar atención a los cambios en los hábitos alimenticios, especialmente cuando se producen de forma repentina o persisten a lo largo del tiempo.

La pérdida de apetito es una señal, no solo una preferencia

Cuando una persona mayor deja de comer bien, las familias suelen intentar resolver el problema ofreciéndole sus platos favoritos o animándola a comer raciones más abundantes. A veces eso puede ayudar, pero la pérdida de apetito también puede ser un indicio de algo más.

Entre las posibles causas se pueden incluir los efectos secundarios de la medicación, el dolor dental, la depresión, una infección, el estreñimiento, la dificultad para tragar o un problema médico no diagnosticado.

Si tu ser querido come mucho menos de lo habitual, está perdiendo peso o rechaza alimentos que antes le gustaban, es recomendable que hables con su médico. Un profesional sanitario puede ayudar a determinar si existe una causa subyacente que deba tratarse.

Señales a las que las familias deben prestar atención

La pérdida de peso involuntaria es una de las señales más claras de que una persona mayor podría no estar recibiendo la nutrición suficiente. Pero no es la única señal.

Las familias también deben prestar atención a:

  • fatiga inusual
  • mayor debilidad
  • mareos o aturdimiento
  • confusión o cambios cognitivos apreciables
  • heridas que tardan en curarse
  • infecciones más frecuentes
  • ropa que queda mucho más holgada que antes
  • comida que se deja sin comer repetidamente
  • comidas que se saltan
  • dificultad para masticar o tragar
  • menor interés por hacer la compra o cocinar

Algunos de estos cambios pueden confundirse con el «envejecimiento normal», pero pueden estar relacionados con la nutrición, la hidratación, la medicación u otro problema de salud.

¿Qué nutrientes son más importantes para las personas mayores?

Las personas mayores pueden necesitar menos calorías que cuando eran más jóvenes, pero la calidad de esas calorías cobra especial importancia.

Las proteínas son uno de los nutrientes más importantes a tener en cuenta. No ingerir suficientes proteínas puede contribuir a la pérdida de masa muscular, la debilidad, los problemas de equilibrio y un mayor riesgo de caídas. Siempre que sea posible, las comidas deben incluir una fuente de proteínas, como huevos, pescado, pollo, yogur, alubias, lentejas, tofu u otros alimentos recomendados por el médico o el dietista de la persona.

El calcio y la vitamina D también son importantes para la salud ósea. A algunas personas mayores les puede resultar más difícil absorber de forma natural la vitamina B12 a través de los alimentos. La fibra y los líquidos también son importantes, especialmente para la digestión y la regularidad intestinal.

El objetivo no es crear una dieta perfecta de la noche a la mañana. El objetivo es hacer que las comidas diarias sean más consistentes, más nutritivas y más fáciles de gestionar.

La hidratación suele pasarse por alto

Muchas personas mayores no sienten la sed con la misma intensidad que antes. Esto significa que una persona puede deshidratarse sin darse cuenta.

La deshidratación puede provocar mareos, confusión, estreñimiento, debilidad y un mayor riesgo de caídas. Para algunas familias, el primer indicio es simplemente que su ser querido parece «descentrado»: más cansado, menos estable o más confuso de lo habitual.

Unas sencillas rutinas de hidratación pueden ayudar:

  • tener agua a mano
  • ofrecer pequeños sorbos a lo largo del día
  • incluir sopas, frutas u otros alimentos ricos en líquidos
  • recordarle a la persona que beba con las comidas y al tomar la medicación
  • estar atento a signos de boca seca, orina oscura o mareos

Si existen restricciones relacionadas con el corazón, los riñones o la ingesta de líquidos, las familias deben seguir las instrucciones del médico sobre la cantidad adecuada de líquido.

Comer solo puede dificultar la nutrición

La comida no es solo algo físico. Es social, emocional y forma parte de la rutina.

Muchas personas mayores comen menos cuando comen solas. Las comidas pueden resultar menos agradables y cocinar puede parecerles demasiado trabajo. Esto puede ser especialmente cierto tras la pérdida de la pareja, un cambio en la movilidad o un problema de salud grave.

Compartir una comida puede marcar una gran diferencia. Esto puede significar comer con un familiar, un vecino o un cuidador. Incluso la simple compañía durante la hora de la comida puede ayudar a que las comidas se perciban como algo más normal, cómodo y que merezca la pena el esfuerzo.

Cómo puede ayudar un cuidador a domicilio con la nutrición

Un auxiliar de atención domiciliaria o un asistente de cuidados personales puede contribuir a una mejor nutrición de formas prácticas y cotidianas.

Dependiendo del plan de cuidados, un cuidador puede ayudar con:

  • la preparación de las comidas
  • la compra de alimentos
  • la organización de comidas y tentempiés sencillos
  • recordar al usuario que coma y beba
  • fomentar rutinas alimentarias regulares
  • ayudar a desplazarse con seguridad hasta la mesa y volver de ella
  • darse cuenta cuando se deja comida sin tocar
  • informar de cambios en el apetito, el peso o la energía
  • favorecer comidas culturalmente familiares siempre que sea posible

Este tipo de apoyo suele subestimarse. La asistencia a domicilio no se limita a la ayuda física. También consiste en contar con alguien presente que preste atención a los cambios diarios que las familias quizá no perciban de inmediato.

Cuándo acudir a un profesional

Las familias deben ponerse en contacto con un médico si una persona mayor presenta pérdida repentina de apetito, pérdida de peso involuntaria, dificultad para tragar, atragantamientos o tos repetidos durante las comidas, náuseas persistentes, fatiga intensa o signos de deshidratación.

El médico puede recomendar el apoyo adicional de un dietista titulado, un logopeda, un dentista u otro profesional sanitario. Estos son aspectos normales del buen cuidado de una persona mayor, especialmente cuando comer o beber se vuelve difícil.

Los cuidadores pueden ayudar a observar y comunicar los cambios, pero los problemas médicos siempre deben ser evaluados por profesionales sanitarios cualificados.

Por qué la nutrición es importante en la asistencia a domicilio

Una buena nutrición favorece la fuerza, la energía, la recuperación, el estado de ánimo, la movilidad y la independencia. Para las personas mayores que reciben cuidados en casa, las comidas y la hidratación forman parte de un panorama más amplio: ayudar a la persona a mantenerse segura, cómoda y apoyada en un entorno familiar.

En S&A Unified Home Care, nuestro equipo ayuda a las familias a organizar una atención que respete las rutinas diarias, el idioma, la cultura, las preferencias y las necesidades de cuidado del cliente. Siempre que es posible, emparejamos a los cuidadores con los clientes en función del idioma, los antecedentes, los horarios y el tipo de apoyo que se necesita en el hogar.

Si tu ser querido come menos, pierde peso, se salta comidas o tiene dificultades con las rutinas diarias, la asistencia a domicilio puede ayudarle a proporcionar la estructura y el apoyo que necesita.

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